dialoga en Lima y en Loreto

20% de descuento en el día de la mujer

Publicado: 2013-03-08

Fue el día de la mujer y los administradores de la cadena de librerías Crisol descubrieron que la mejor manera de marcar la fecha en el calendario era poner en oferta, para todas sus clientes, con un 20% de descuento, las novelitas rosa y los libros de autoayuda.Yo estuve, por supuesto, entre quienes criticaron la tontería simbólica del mensaje, el hecho de que Crisol ofertara para las mujeres los más banales de sus libros y no los mejores. La librería pudo hacer muchas otras cosas; entre ellas, como me comentó una amiga, hacer el descuento para todos sus libros a cualquier compradora mujer, y la cosa hubiera pasado sin problema.Obviamente, hay una cantidad significativa de mujeres que se sintieron ofendidas por la celebración comercial de Crisol, por el hecho de que la librería conmemorara el día de la mujer pensando en la ella exclusivamente de dos maneras: la mujer como lectora trivial y la mujer como cliente potencial.La mayor parte de las protestas se dirigieron al primer rasgo: el estereotipo de la mujer como lectora de banalidades. No sé si es muy seguro (para mi salud física y mental) decir lo que voy a decir, pero cabe hacer una precisión: Crisol no es una empresa a la deriva, sin instinto comercial, que se deje llevar por lugares comunes en desmedro del negocio. Todo lo contrario: Crisol vio la oportunidad de vender a un segmento de sus clientes un producto que ese segmento consume numerosamente.Es decir, Crisol no ha inventado una engañosa realidad paralela en el que las novelas de amor y las novelas de erotismo blando y los romances burgueses y toda la llamada chick-lit son consumidos mayoritariamente por mujeres: Crisol quiso aprovecharse de ese dato, que es un dato real, manejado por editoriales, distribuidoras y librerías en todo el planeta.La mayor parte de esa literatura es, desde su origen, escrita, publicada y promovida para lectoras mujeres, y eso no es una novedad de nuestro tiempo, sino la prolongación de un dato real en la historia de buena parte de la literatura desde hace siglos. Del mismo modo, un porcentaje gigantesco de los libros de autoayuda que se escriben y publican en el mundo es hecho específicamente para lectoras mujeres, así como otro porcentaje es hecho para hombres, o para adolescentes, o para padres y madres primerizos, etc.El hecho problemático con una campaña como la de Crisol no es que quiera inventar un estereotipo ni que crea ciegamente en un estereotipo falso, sino que no tiene ningún empacho en promover entre las mujeres la lectura de cierto tipo de libro fatuo, mediante ofertas especiales lanzadas en una fecha crucial para la mujer, como si la afición de muchas mujeres por esos libros mereciera un premio que no merecen las mujeres que consumen otro tipo de literatura.Y ese es un punto que vale la pena subrayar. No puedo hablar por campos fuera de la literatura, pero dentro del terreno de la literatura, por siglos, las mujeres con acceso a cierto tipo de educación han sido el público mayoritario: las lectoras de novelas de caballerías, las lectoras que hablaban lenguas romances pero no latín y cuya existencia propició innumerables traducciones al final de la Edad Media y principios del Renacimiento, las mismas que permitieron el florecimiento de las literaturas europeas en lenguas vernáculas, las lectoras de literatura cortesana, que se convirtieron luego en las lectoras del Quijote, las lectoras de novelas románticas, las lectoras de la poesía modernista en el mundo hispano, las lectoras de Victor Hugo, las lectoras de Madame Bovary, las lectoras de Oscar Wilde.Un dato curioso: el libro de bolsillo tal como lo conocemos hoy, es popular sobre todo desde el siglo dieciséis en Europa, y su popularidad original se debió a que la masa de lectoras mujeres, que no leían en gabinetes ni en bibliotecas ni en salas de universidades, sino en casa o en el camino a la iglesia o en cualquier ambiente que les fuera ocasionalmente propicio, no podían manejar los grandes y pesados volúmenes que los hombres almacenaban en sus estanterías, porque las mujeres leían muchísimo, pero no tenían espacios reservados para la lectura.Hace unos años, un estudio en Estados Unidos, Inglaterra y Canada determinó que sólo el 20% de los lectores de ficción eran hombres, y el 80% eran mujeres. Es muy posible que la proporción sea similar en el resto del mundo. Hace unos diez años, Ian McEwan, el novelista inglés, se paró en una calle a regalar ejemplares de novelas. Regaló treinta, a quienes se acercaron a recibirlos. Casi todas esas personas fueron mujeres. McEwan escribió en ese tiempo que el día que las mujeres dejaran de leer novelas el género desaparecería. Escritores y lectores hombres, como yo, haríamos bien en comprender que, en cuanto a la literatura respecta, somos apenas invitados minoritarios en un universo de consumo femenino.La miopía de Crisol, y de gran parte de la industria del libro, a decir verdad, no es la de creer que las mujeres no son las lectoras mayoritarias de novelitas de amor y libros de autoayuda (lamentablemente sí lo son, así como los hombres son los consumidores mayoritarios de pornografía o del estúpido género de la literatura conspiracional). Su miopía es no darse cuenta de que la mujer, que ya fue un motor indispensable a lo largo de toda la historia de la industria librera, puede seguir siéndolo sin necesidad de condescendencias ni menosprecios: una cosa que las editoriales y las librerías deberían hacer para asegurarlo es, en vez de premiar la banalidad de unas, animar a todas a leer más aun, cruzando las fronteras genéricas en vez de encasillarlas en espacios confinados. De paso, así se evitarían el odio y la ira de sus clientes más lúcidas.


Escrito por

gustavofaveron

Gustavo Faverón Patriau (Perú). Estudié literatura y lingüística en la Universidad Católica del Perú y una maestría y un PhD en literaturas hispanas en Cornell University. He sido profesor en la Universidad Cayetano Heredia, Stanford University, Middlebury Col


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Gustavo Faverón

Lo que me jode y lo que me gusta en la literatura y en la vida